¿Qué pasa con las macrogranjas?

Analizamos el por qué una macrogranja no debería ser una opción para la sociedad

Meses atrás, a propósito de unas declaraciones de un representante del gobierno actual, surgió la discusión de la importancia, ventajas y desventajas que presentan las macrogranjas, además de sus evidentes efectos sobre el medio ambiente, el bienestar animal y la calidad de los alimentos producidos.

Distintas instituciones defensoras del ambiente, grupos protectores de animales, así como asociaciones y agrupaciones vecinales han protestado por el aumento de estas instalaciones o la ampliación de las ya existentes.

La protesta sobre estas instalaciones, instaladas en algunos casos en la llamada “España vaciada»,  no solo se ciñe al territorio español, sino a toda Europa.

¿Qué es una Macrogranja?

Para ubicarnos en el tema en cuestión, diremos que  se conoce como Macrogranja a las explotaciones intensivas que poseen una alta densidad de población.

En las mismas pueden tener cabida desde miles de cabezas de ganado porcino o bovino hasta cifras que alcanzan el millón en el caso de las macrogranjas dedicadas a la cría de pollos.

Por lo general están ubicadas en naves industriales y su alimentación está basada sólo en piensos, es totalmente opuesta a la ganadería extensiva, donde sus animales salen al campo y pastan en libertad.

Ventajas y desventajas de las Macrogranjas 

En principio, podemos decir que la carne y los productos que se obtienen de este tipo de explotaciones tienden a ser, aunque, de menor precio, también de menor calidad.

Por otra parte, y aunque para  algunos puede no tener importancia, también se presenta un conflicto ético por el estado en el que se encuentran los animales que se mantienen en ellas, hacinamiento, canibalización de la especie, así como la forma de sacrificarlos entre otros aspectos.

El bienestar animal es, actualmente, una causa emergente y necesaria (grabamos hace poco un podcast sobre ello con Alicia, de La Gallinera).

Aspectos de vital importancia que debemos resaltar son los efectos medioambientales, como la sobreexplotación del agua, de la tierra y de los recursos energéticos.

Las Macrogranjas requieren  un excesivo consumo de agua tanto para satisfacer las necesidades propias de los animales, como para mantener la higiene de las instalaciones.

En algunos lugares, por escasez del vital líquido se requiere  realizar trasvases desde otras cuencas, generando un  impacto negativo en los ecosistemas existentes.

Otro impacto medioambiental importante es la emisión de gases invernadero, lo que ya sabemos está provocando el cambio global antropogénico que está sufriendo nuestro planeta.

Estos gases en gran parte son producidos por los propios animales durante el proceso de la digestión de los piensos con los que son alimentados, motivo por lo que deberían buscarse otras fuentes de alimentación.

Por otro lado, en estas zonas es muy difícil cultivar la materia prima con la que producir el pienso, por lo que normalmente necesita ser transportado desde otros sitios, de la misma manera,  otros materiales, el mantenimiento de las instalaciones, todo esto, tiene como consecuencia la producción de enormes volúmenes de residuos, llamados purines, en cuya descomposición se libera metano, dióxido de carbono y otros gases.

Es especialmente significativo ver cómo, algo tan necesario para el medio ambiente como son las heces del ganado, se convierte en un problema por el hacinamiento de ganado.

Debemos hacer esfuerzos todos para vivir en armonía con nuestro entorno sin deteriorarlo. 

Una sociedad incapaz de vivir de esta manera es una sociedad abocada a desaparecer, y esto, ni la ciudadanía ni nuestros representantes políticos deben permitirlo.

Si bien debe ser una actitud individual de cada ciudadano proteger y conservar nuestra naturaleza, los entes responsables deben regular normativas mucho más restrictivas en cuanto a la instalación o ampliación de las macrogranjas, así como la contaminación de aguas y suelos por herbicidas, fitosanitarios y vertidos de purines.

Lo que no es comprensible es que los efectos negativos de este tipo de ganadería sean asumidos por la ciudadanía. No puede salir barato hacer mal las cosas, los costes derivados de una mala gestión de los recursos deben ser repercutidos al sistema productivo y primar y ayudar a todo organismo que trabaje desde el respeto al medio ambiente… y al ser humano.

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